Text: el ambiente y el racismo ambiental
Illustration of a sewage pipe with green liquid spilling out
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El Ambiente y El Racismo Ambiental

La industria láctea es conocida por resistirse a las regulaciones ambientales. Por ejemplo, en California, que es el mayor productor lácteo del país, la industria ha logrado bloquear las regulaciones sobre el metano por más de una década. [14] Sin embargo, en 2016 California aprobó una ley que establece que las lecherías deben reducir las emisiones de metano en un 40% para 2023. [15] Esto representa una rara (y esperanzadora) victoria para el ambiente, el cual sufre el enorme impacto de las lecherías. Los gases de invernadero (GHG, por sus siglas en inglés) constituyen uno de los problemas ambientales dado que calientan a la Tierra y contribuyen al cambio climático. Los GHG, principalmente metano, óxido nitroso y dióxido de carbono, se producen en diferentes etapas del proceso de la industria láctea. En primer lugar, las vacas liberan metano, un subproducto de la digestion de los granos y pastos que comen, principalmente a través de eructos.

Después de que han digerido el alimento, las vacas producen estiércol, el cual emite óxido nitroso y metano. Una vaca de tamaño promedio excretará alrededor de 120 libras de estiércol al día. [16] En las lecherías grandes, este estiércol (así como la orina de las vacas) se recolecta en áreas enormes, llamadas fosos o lagunas, que son causa de distintos problemas ecológicos. Se pueden producir vertidos de estiércol desde las lecherías, que pueden filtrarse en las cuencas de agua y pueden, por ejemplo, producir la contaminación de reservas de agua con bacterias, como E. coli y Streptococcus, e incluso pueden ser la causa de floraciones de algas en lagos, estanques y oceános; responsables de obstruir la luz solar, consumir oxígeno y matar a los peces. Los agricultores también rocían el estiércol en los campos vecinos y esta mezcla tóxica se dispersa a las áreas circundantes.

El dióxido de carbono es otro de los GHG. Las vacas lo exhalan conforme digieren el alimento [17] y también se produce a través de otras etapas de la industria láctea, como al usar combustibles fósiles y despejar terrenos para plantar cultivos para alimentar a las vacas. [18] Si bien el dióxido de carbono derivado de los combustibles fósiles contribuye al cambio climático, el metano producido por las vacas tiene una capacidad 25 veces mayor para calentar la atmósfera, [19] y una sola vaca eructa cerca de 220 libras de metano al día. [20] Por otro lado, el óxido nitroso es 300 veces más potente que el dióxido de carbono. [21]

Illustration of smoke stacks with green smoke billowing out representing pollution

En un estudio realizado por la Academia Nacional de Ciencias en 2021, se estimó que, en los Estados Unidos, hubo 17,900 muertes relacionadas con los efectos de la producción agrícola sobre la calidad del aire. De acuerdo con ese informe, “De dichas muertes, el 80% se puede atribuir a los alimentos de origen animal; ya sea directamente por la cría de los animales e indirectamente por la producción de alimentos para animales”.[22]  Las emisiones originadas por las explotaciones de animales matan cada año a más personas en los Estados Unidos que la contaminación de partículas producida por las plantas de carbón (cerca de 13,000).[23]

Las lecherías (y otras operaciones de agricultura animal) también consumen una gran cantidad de agua. Esto representa un problema enorme en un planeta en el que el agua fresca es un recurso limitado. Cada vaca bebe 17 galones de agua al día, en promedio, [24] por lo que una lechería de 2,000 vacas usa 34,000 galones diarios de agua solo para mantener a los animales hidratados. Esto es suficiente para llenar una piscina grande (18 x 36 x 7 pies). Y esto es solo el agua que ingieren las vacas. Las lecherías también usan agua para enfriar la leche, limpiar y desinfectar el equipo, enfriar a las vacas, irrigar los cultivos, mover el estiércol, limpiar las instalaciones y para otras necesidades. De acuerdo con un estimado, la industria láctea usa cerca de 5,000 galones de agua al día por cada vaca.[25]

Lamentablemente, la miseria provocada por las lecherías también alcanza a las comunidades vecinas, las que sufren los efectos de las aguas y suelos contaminados, el aire envenenado y las moscas.[26] Si bien es muy improbable que alguien elija vivir en la vecindad de una lechería, muchas personas negras, mestizas e indígenas a menudo no tienen otra opción.

Establecer las lecherías (y otras granjas de producción animal) cerca de comunidades negras, mestizas e indígenas es una forma de racismo ambiental. Se asume que estas comunidades carecen de la capacidad política para resistirse y, por lo tanto, se ven obligadas a cargar desproporcionadamente con los perjuicios socioeconómicos, ambientales y sanitarios derivados de vivir cerca de una granja de explotación animal industrial. [27]

Una de las principales quejas expresadas por los vecinos de las lecherías es la mala calidad del aire, que puede estar contaminado con amoníaco, polvo, otros contaminantes peligrosos del aire y sulfuro de hidrógeno, que huele a huevos podridos. [28] Por ejemplo, en el Valle de San Joaquín, California, el estado con la mayor producción de leche en los Estados Unidos, el 49% de la población es de origen hispano, [29] y uno de cada seis niños sufre de asma; algo que se ha vinculado directamente con las granjas lecheras de la región. [30] Los vecinos también oyen los gritos inquietantes de las vacas y terneros que han sido separados. [31]

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