Text: Las Vacas y Las Cabras
Illustration of a White & Brown Cow
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Las vacas y las cabras en la industria lechera

La popularidad de los productos lácteos es fácil de entender. La industria de productos lácteos, que cuenta con subsidios gubernamentales, ha promovido por largo tiempo el consumo de leche de vaca como un producto básico durante las comidas, lo cual ha sido perpetuado por los lineamientos nutricionales del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos. Asimismo, para muchos consumidores el helado es una comida entrañable. Y qué decir del queso… La gente parece obsesionada con el queso. Sin embargo, bajo la reluciente fachada que proyectan las estrategias de mercadeo y las pirámides alimentarias se esconde una realidad terrible que el público raramente llega a ver.

Las vacas y las cabras, los animales explotados por la industria láctea con más frecuencia, son sometidas a una enorme crueldad física y emocional solo para que los humanos puedan obtener y consumir su leche. Al igual que los humanos, las vacas producen leche con el único objetivo de alimentar a sus crías. En su entorno natural, las vacas amamantan a sus terneros de seis a nueve meses. La madre y su ternero, dos criaturas gentiles, tienen un nexo muy estrecho y por lo general permanecen juntos en el mismo rebaño. La esperanza de vida de una vaca en condiciones naturales es de 20 años o más.[1] 

Sin embargo, en la industria láctea, a las vacas se les corta la cola [2]  y se les remueven los cuernos con un hierro candente o con una pasta cáustica [3]  (por lo general sin anestesia), se les marcan las orejas y, cuando alcanzan la madurez reproductiva (aproximadamente a los 2 años), son preñadas por la fuerza mediante inseminación artificial.[4]  La vaca gesta a su ternero por nueve meses y se lo arrebatan tan pronto nace; incluso en las granjas que se hacen llamar “humanitarias”. La confusión y la angustia que les produce la ausencia del otro los lleva a llamarse tristemente, a menudo durante semanas.

Si el ternero recién nacido es hembra, posiblemente la pondrán en un estrecho encierro, la alimentarán con leche sintética y posteriormente será víctima de la explotación de la industria láctea, al igual que su madre. Sin embargo, algunas lecherías las envían directo al matadero. Si el ternero es macho, lo venderán como ganado de carne o simplemente lo matan de un disparo.

A la vaca madre, ahora en estado lactante, la conectan a una máquina ordeñadora que produce un vacío constante en las tetas, lo cual le puede llegar a producir una dolorosa infección llamada mastitis, que genera abscesos de pus en la ubre.[5]  Además de mastitis, las vacas sufren distintos problemas físicos en la industria láctea; en especial dificultad para caminar, lo cual se debe a que tienen que estar de pie sobre pisos de concreto en las granjas lecheras industriales.[6] 

Pasados cinco años, tras haber sido sometida a varios ciclos de gestación, de haberle arrebatado a sus terneros y producir menos leche por el agotamiento de su cuerpo, la vaca deja de tener valor para la industria láctea. Será transportada por la fuerza a un matadero (también en las granjas que se hace llamar “humanitarias”), donde encontrará el destino fatal de la mayoría de las vacas de la industria láctea: la sacrificarán para obtener “carne molida” de baja calidad, como la que usan en los restaurantes baratos de comidas rápidas.

Illustration of a Brown Goat

Las cabras

En su entorno natural, las cabras también tienen un nexo muy estrecho con otros miembros de su familia. Y al igual que las vacas y los humanos, la leche de una cabra tiene como fin alimentar a sus cabritos.

En condiciones naturales, las cabras viven en rebaños sociales en pastizales de montaña, los recorren mientras se alimentan. Al igual que las vacas, las cabras son rumiantes que recorren largas distancias, pero, en vez de pastar, prefieren ramonear y mordisquear enredaderas, arbustos y malezas.  Las cabras son animales inteligentes, inquisitivos y vivaces que examinan con curiosidad cualquier elemento nuevo o desconocido en su entorno. 

Criar cabras se ha vuelto una opción popular entre criadores a pequeña escala y los que solo dedican parte de su tiempo a esa actividad.[7]  Las cabras que se explotan por su leche sufren muchas de las mismas crueldades que se infligen a las vacas. Esto incluye la inseminación artificial,[8]  mutilación dolorosa (la remoción de los cuernos), [9]  y la separación de madres y crías, a las que se alimenta con un sustituto de leche en vez de permitirles amamantar.[10] 

La producción de leche de cabra es una industria pequeña en los Estados Unidos por lo que las lecherías caprinas suelen ser considerablemente más pequeñas que las lecherías vacunas. En países como Australia y la India, que cuentan ambos con lecherías caprinas comerciales de mayor escala y exportan leche a los Estados Unidos, a veces se estabula a las cabras de forma intensiva, lo que les impide manifestar sus comportamientos naturales y les produce frustración y malestar.[11]  Una investigación realizada en 2019 sobre una de las lecherías caprinas australianas reveló cómo los cabritos gritan de dolor cuando les queman los cuernos, .[12]  en tanto que en otra lechería los machos recién nacidos fueron apaleados a muerte en frente a sus madres ya que se los consideraba como «excedentes». [13] 

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